FASES DEL PROCESO DE EVALUACIÓN

En la Unidad 2, se decía que toda evaluación es un proceso que produce información de carácter retroalimentador que genera conocimientos sobre el objeto evaluado. "Desde esta perspectiva la evaluación, permite poner de manifiesto aspectos o procesos que pueden permanecer ocultos, posibilita una aproximación en forma más precisa a la naturaleza de ciertos procesos, las formas de organización de los mismos, los efectos, las consecuencias, los elementos intervinientes, etc..." (Elola N, y Toranzos, L 2000, Pág., 4)

Para lograr esta aproximación a aspectos de la realidad que podrían permanecer ocultos, es necesario organizar las tareas parciales que componen el proceso de evaluación. Por este motivo, nos dedicaremos a trabajar cada una de las fases o momentos involucrados en la evaluación.

 1.    Identificación del objeto a evaluar: ¿Qué se desea evaluar?

Se comentaba en la Unidad anterior que se concibe la situación de enseñanza como un proceso complejo y determinado por múltiples componentes de carácter individual, grupal, institucional, social, cultura!, regional, nacional. Al tener que emprender un proceso de evaluación, nos encontramos, entonces, con una variedad y cantidad importante de posibles aspectos que se evaluarán.

Entre ellos, podemos destacar, por ejemplo, los aprendizajes de los alumnos, habilidades previas e intereses de personas en formación, las secuencias didácticas realizadas por la maestra, los materiales didácticos, el funcionamiento de una institución, la concreción de programas...

Tejada Fernández explica que "...la mayoría de los autores llegan a coincidir en torno a los alumnos, el personal docente y no docente, el curriculum, los recursos, los planes y programas, los proyectos, las estrategias metodológicas, las instituciones de formación y los contextos entre otros objetos con carácter general." (1999, Pag. 35)

Frente a la variedad y cantidad de aspectos posiblemente evaluables, se sugiere la distinción de dos grandes grupos de situaciones o aspectos que podrían ser objeto de evaluación: los aprendizajes de los alumnos y las acciones de enseñanza. Dentro de estas dos grandes categorías se incluyen, a su vez diferentes elementos que merecen la pena ser revisados. Nos referimos, por ejemplo, a dimensiones diferentes del aprendizaje, que pueden referirse a procesos, resultados y/o diferentes niveles de desempeño o actuación (resolver un problema complejo o hacer correctamente un cálculo).

Es decir, cada uno de estos procesos/objeto de evaluación -aprendizaje o enseñanza- podría evaluarse en forma global o focalizar en algún aspecto. Veamos una situación que refleje estas opciones. Un maestro de sexto año, desea realizar un proceso de evaluación formativa sobre la secuencia didáctica-   de la enseñanza de la Potenciación y Radicación

Juan Carlos, el maestro podría considerar como objeto de evaluación todo lo que hace él y sus alumnos durante el tiempo en que se enseña ese contenido, por ejemplo, clases de 3 horas durante diez días. Esta es una manera de definir su objeto de evaluación, pero no la única. Otra posibilidad sería abordar solamente la evaluación de los intercambios verbales entre docente y alumno, para ver si la guía verbal realizada fue adecuada y productiva.

Una tercera opción podría remitir a la evaluación del proceso de aprendizaje de los alumnos a través de tareas de cálculo individual durante la enseñanza.

Como se aprecia en el ejemplo, se están mirando diferentes aspectos del proceso de enseñanza y aprendizaje, todos valiosos, todos interesantes, pero que difieren entre sí lo suficiente como para determinar  procesos de evaluación diferentes.

En muchas oportunidades puede ser más accesible y productivo abordar aspectos puntuales del aprendizaje o de la enseñanza y no proponer evaluaciones que tomen las situaciones en toda su complejidad. Veamos otro ejemplo:

Nora es maestra del área de Lenguaje y Comunicación del último año de Educación Básica, al inicio de ese año desea  realizar una evaluación de orientación sobre la destreza general  de leer. Si bien considera que todos los tipos de lectural2 son importantes, le interesa especialmente, abordar en la evaluación las destrezas específicas incluidas en la lectura connotativa y de estudio.

 Por este motivo, va a evaluar concretamente las destrezas específicas que componen esos tipos de lectura13. Por ejemplo, intentará comprobar si los alumnos son capaces de:

  • Inferir el tema que plantea el texto (Lectura connotativa)

  • Inferir la idea principal (L. connotativa)

  • Derivar conclusiones a partir del texto (L. connotativa)

  • Elaborar mapas conceptuales (L. de Estudio) 

De alguna manera, lo que Nora intenta es hacer accesible el objeto de evaluación. Sabe que no podrá evaluar todas las destrezas involucradas en la lectura en el tiempo disponible, entonces selecciona algunas destrezas concretas y delimita el objeto de evaluación. De todos los aspectos posibles recorta algunos que considera significativos. Esta definición  del objeto que se evaluará es importante por varias razones. En  primer lugar, imprime claridad y precisión a lo que  se desea  evaluar.   En   segundo   lugar y  en  consecuencia  de   lo  anterior, establece condiciones a todas las fases del proceso, ya que objetos diferentes requerirán, entre otras condiciones instrumentos interpretaciones y decisiones  diferentes.

En el caso de Juan Carlos, el maestro de matemáticas si se decidiera por evaluar los intercambios  verbales docente-alumno tendrá que  pensar  en   instrumentos adecuados a   ese  objeto,  por  ejemplo grabaciones de audio. Si en cambio optará por  evaluar el proceso de aprendizaje de los alumnos a través de la realización de cálculos, tendrá que pensar en una forma de hacer que sus alumnos resuelvan los cálculos y puedan manifestar dudas y problemas que se les presentan. Entonces podría combinar  una prueba escrita y la resolución  de algunos cálculos en el pizarrón en forma individual y pública pare ver cómo resuelven los   cálculos.

Al inicio del documento comentábamos que se adhiere a una postura en la que los orientaciones metodológicas ponen de manifiesto la necesidad de decisiones conscientes y reflexionadas. Definir el objeto que  se evaluaré es la primera decisión importante que un docente deberá tomar.

De la  misma  manera en  que  se define  un  contenido  que  se enseñara, se requiere que el maestro precise qué desea o resulta conveniente evaluar. A partir de esta definición podrá ir encadenando las decisiones incluidas en las siguientes fases:

Unidades