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Unidad I (3/12)


Los efectos del egocentrismo sobre la percepción del espacio en el niño.

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El egocentrismo es un estado inicial de confusión de sí mismo con el mundo, debido a que percibe solo su imagen y no es capaz de superar su propio punto de vista, los efectos que este estado produce sobre la percepción del espacio son:

    - El niño percibe el espacio tal como lo piensa y no como lo ve.

    - Para el niño reconocer la derecha y la izquierda tiene una cierta dificultad.

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Se ha comprobado cuanto les gusta a los niños de la escuela elemental jugar debajo de las mesas o aislarse en rincones, desvanes, armarios, etc. A los niños un poco más grandes les resultará difícil organizar juegos que ocupen todo el patio del recreo porque no saben ocupar un espacio tan grande, ellos prefieren espacios restringidos, incluso ante una hoja de papel blanco tienen dificultad de llenarla con su dibujo. Este último ejemplo nos muestra que sobre, el plano gráfico, no sabe ocupar el espacio. Tenemos que facilitarle su aprendizaje.

El alumno de la escuela elemental rechaza el espacio de dimensiones demasiado vastas y por eso muchas veces transforma el espacio que conoce de acuerdo a su personalidad y sus deseos, de manera que el rincón del comedor por ejemplo será el dormitorio de la muñeca o un rincón del jardín, el lugar secreto para realizar juegos. Así, el espacio del adulto es transformado por el niño no solo desde un punto de vista cuantitativo sino que también cualitativo, es en este nuevo espacio en que se siente cómodo.

Incumbe, pues, al educador ayudar al niño a penetrar en espacios cada vez más amplios y verdaderos.

El realismo intelectual esta relacionado con la noción de perspectiva que para el niño es irreconocible, aun después de los ocho o nueve años. Si a esa edad se le muestra un dibujo o una foto de una vía de tren el niño puede reconocer la perspectiva, pero hasta una edad más avanzada no podrá representar los rieles con esa misma perspectiva; en su dibujo apreciará el paralelismo, porque sabe que los rieles no se juntan jamás. Esto nos muestra que el niño no está en posibilidad de asimilar intelectualmente el espacio, porque el mundo exterior y su representación se encuentran mezclados.

Para el niño, el espacio se divide en cuatro: lo que hay delante de mí, detrás de mí, a mi derecha, a mi izquierda; esta es la primera comprensión que tiene de su entorno espacial, en forma instintiva o para responder a necesidades exteriores. Reconocer adelante y atrás es fácil debido a que adelante es el sentido de la marcha, es lo que se ve con los ojos, lo que la mano alcanza con mayor facilidad; detrás es lo opuesto a adelante. Estas destrezas se adquieren con facilidad y las ejercitará frecuentemente el niño, y por eso los entiende con facilidad. No ocurre lo mismo con la distinción derecha o izquierda.

Es importante conocer las conclusiones a las que llegó Jean Piaget, en su Le Jugle-ment et la Raisonnemente Chez l'Enfant. Según sus apreciaciones, el niño de cinco a ocho años sólo distingue lo que se halla a su derecha y su izquierda. En la mayoría de los casos le resulta imposible dar el paso de su derecha a la de su interlocutor. De los ocho a los once años esto es posible: el niño distingue la derecha y la izquierda de su interlocutor cuando se halla frente a él. Finalmente, a partir de los once años, el niño sabrá situar los objetos en su relación recíproca: el escritorio del maestro se encuentra a la izquierda del armario, la puerta del aula está a la derecha de la estantería, etc., y esto independiente de la posición del niño.


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*imagen agregada